ENTREVISTA
Miguel
Ángel Renes
Misionero
en Honduras
José
Gonzalo
"No
es nada extraordinario. Soy un modesto misionero Paúl, que
ha intentado dar respuesta adecuada a las llamadas de Jesús,
para seguirle en distintas Misiones ad gentes"
Constancia
misionera, se llama esa figura. Primero fue Cuba, luego Mozambique
y ahora Honduras. Pero antes, años antes, había sido
Director Espiritual y Profesor en el Colegio de los Paúles
en Hortaleza-Madrid (1976-79), Director del Seminario Interno (Noviciado)
de los nuestros en Ávila en dos periodos de cuatro años
cada uno (1972-76 y 1981-85). Párroco de “Regina Mundi”
en Granada (1986-88), Párroco de “San Vicente de Paúl”
de Carabanchel en Madrid (1991-97) y Visitador Provincial de la
Provincia canónica de Madrid (1988-1991).
En todos sus ministerios aparece como idea fuerza y motivación
permanente su vocación misionera ad gentes; con estilo vicenciano,
es decir, con estilo universal y nada provinciano.
Para completar su currículo: Cuba (1997-2000), Mozambique
(2001-04), Director Nacional de la Asociación de la Medalla
Milagrosa (2004-07) y en Honduras desde diciembre de 2007.
—J.Gonzalo. Muchos de los que te conocen
se preguntan ¿no es bastante con ser sacerdote paúl,
de por vida en España?¿Cómo es posible que
nombrado Director Nacional de la Milagrosa (AMM), normalmente para
un periodo de seis años, a los cuatro años te vayas
de misionero a Honduras?
—M.A. Renes. Nuestra Congregación es eminentemente
misionera. Poco antes de terminar el periodo de tres años
por el que fui enviado a Mozambique, el Superior General de nuestra
Congregación, y Director General de la AMM, me propuso y
nombró Director Nacional de la Asociación para España.
—¿Y luego?
—El mismo Superior General, P. Gregorio Gay, siguió
urgiendo voluntarios para ir a misiones. Me ofrecí y aceptó
mi ofrecimiento. (Ya han nombrado un nuevo Director Nacional en
la persona del P. Enrique Rivas). Y yo me incorporo como misionero,
a la Parroquia “San Vicente de Paúl” de la Diócesis
San Pedro Sula en Honduras, que dirigen nuestros hermanos de Barcelona…
Es tan sencillo como eso. Es el mismo proceso por el que fui a Cuba
y a Mozambique.
—¿Qué sentido tiene todo
esto en tu vida?
—Por todas las cosas que me has leído al empezar esta
conversación veo que te has informado bien. Leídas
así, todas juntas, de una sola tacada, parece un mundo. Pero
no, yo no veo nada extraordinario en mi vida. Soy un misionero paúl
que ha intentado dar respuesta a su vocación misionera –que
es invitación, petición o llamada de de Dios- conforme
se han ido presentando las ocasiones. A instancias siempre de las
necesidades de personal o a invitación, dirigida a todos,
del Superior General.
—¿Por qué y cómo
fuiste a Cuba?
—Siendo Visitador de la Provincia canónica de Madrid,
dos acontecimientos me impactaron mucho y reavivaron mi vocación
misionera, inicialmente inculcada por el bueno del P. Emilio Lupiáñez
en el Seminario Menor de Tardajos (Burgos). Primero, constatar el
duro y generoso trabajo misionero de mis compañeros en la
visita que hice al Androy (Madagascar). Segundo, escuchar la angustiosa
petición de personal para Mozambique, que hizo su propio
Vice-visitador Provincial en el Encuentro de Visitadores en Rio
de Janeiro.
El P. Robert Maloney, elegido Superior General, escribió
a todos los paúles del mundo pidiendo voluntarios ante las
graves necesidades de personal de las misiones ad gentes. Me ofrecí,
me aceptaron y…a Cuba.
—¿Tu trabajo misionero en Cuba?
—Muy sencillo, muy calladito, pero muy reconfortante. Llevar
alegría y esperanza cristiana a tantas familias desilusionadas;
unir esfuerzos para crear y sostener programas de ayuda social,
como una escuelita de pequeños o atención a discapacitados.
Desempolvar la fe, empañada que no muerta, de los mayores,
apoyar espiritualmente a las Hijas de la Caridad… ¡Amo
a Cuba! Tal vez por ser mi primer amor misionero.
—¿Por qué saliste de Cuba?
—Todavía no lo sé. Oficialmente, llegado el
momento, no me renovaron el permiso de residencia, y ya está.
No me dieron explicación. La situación en Cuba era
especialmente delicada en aquellos momentos, por la repatriación
del niño cubano Elián desde Estados Unidos. El mismo
Cardenal de la Habana había escrito pidiéndola, por
razones humanitarias.
—Entonces, ¿por qué crees
tú que fue?
—Así, entre nosotros dos y sin que se entere nadie
más. Yo tengo mi explicación personal, medio en serio
y medio en broma: Es cosa de la Virgen, sí. Todos los que
trabajamos en la Iglesia de “Ntra. Sra. de la Merced”,
patrona de los encarcelados, hemos sido siempre “muy mirados”.
Si la Virgen hubiera sido patrona de los labradores o de los marineros,
habría sido otra cosa. Allí acudían ex–presidiarios
a dar gracias a Dios y a la Virgen por haber recuperado su libertad.
—Vienes a España y enseguida
te incorporas a la Misión de Mozambique.
—Cuando salí de Cuba volví a ofrecerme, para
ir a misiones, al P. Maloney, (Superior General), y me tomó
la palabra. Tres meses de preparación en Lisboa, y a Mozambique.
Poco antes de terminar mi compromiso misionero con la Viceprovincia
canónica de Mozambique, el nuevo Superior General, P. Gregorio
Gay, me propuso y nombró Director Nacional de la AMM en España.
—¿Y ahora Honduras?
—Se repite la historia. El P. Gregorio escribe a todos los
misioneros de la Congregación pidiendo nuevos refuerzos para
nuestras misiones ad gentes. Me ofrezco, me aceptan. Agradecimiento
al P. Joaquín González, nuestro Visitador Provincial
que autorizó y facilitó mi envío misionero;
después de tres meses de preparación en la Escuela
de Animación misionera” en Madrid, el 28 de ¬diciembre
salgo para Hon¬duras.
—Tú ya conocías la Misión
de Honduras, ¿verdad?
—Si, hace casi dos años, estuve mes y medio en San
Pedro Sula. Desde hace años tenía buena información;
desde la Misión Popular que se dio en toda la Diócesis
de San Pedro Sula de abril a septiembre de 1991. Participaron misioneros
de las cuatro Provincias canónicas de paúles de España
y de otras Congregaciones españolas. Bajo la dirección
del P. Luis Solé, paúl, hoy Obispo de Trujillo en
Honduras, y del P. Florentino Villanueva.
Era yo Visitador Provincial, y me produjo una enorme satisfacción
la generosa respuesta de nuestros misioneros de Madrid al llamamiento
mío de “A Honduras vamos todos”.
—Dicen los misioneros ad gentes veteranos
—recuerdo vivamente al P. Vicente Urbaneja, misionero en la
India durante 63 años— que “para ir a misiones
no basta con la generosidad y la buena voluntad, es imprescindible
además, una adecuada preparación previa”.
—El P. Urbaneja era un sabio misionero. En los tres meses
de la Escuela de Animación misionera”, con cuatro horas
diarias de clase, nos han enseñado a “aprender del
pueblo” a quien vamos a evangelizar. Les llevamos el Evangelio,
pero de ellos hemos de aprender el mejor modo de dar nuestro testimonio,
de vivirlo con ellos, compartirlo y comunicarlo.
—De verdad, ¿cómo te sientes
a la hora de marchar?
—Soy castellano viejo (Covarrubias, Burgos, 1947), no me gustan
las muchas palabras. Voy tan sereno e ilusionado como siempre Se
trata de mi respuesta a Jesucristo, nuestro hermano, nuestro amigo,
nuestro Señor y nuestro líder. Desde el carisma misionero
vicenciano que me han enseñado siempre en la Congregación.
Aunque siempre hay .cosas que hacen que las idas no sean cómodas.
¡Claro que me cuesta ir a Honduras! Me duele dejar a tantas
personas de la Asociación de la Milagrosa con las que estaba
trabajando tan a gusto. Pienso en mis tres hermanos de sangre que
dejo en España, en mis hermanos de Congregación, en
tantos amigos y conocidos, en mi alejamiento de todo lo cercano,
personas y cosas. Pero ¡voy feliz
y contento! ¡merece la pena!
—¿Quieres dejarnos algún
mensaje?
—No tengo ningún mensaje especial. Tened todos la certeza
de que os llevaré conmigo a la Misión de Honduras,
y estaremos, viviremos y trabajaremos con Él, todo el tiempo
que Dios quiera.
Gracias,
Miguel Ángel por tu constante ejemplaridad vicenciana y por
el tiempo que nos has dedicado. Desde CAMINOS DE MISIÓN,
agradecidos.
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