INFORMES
2008
Presencia
evangelizadora de los Misioneros vicentinos
(Paúles) en México
P.
Luis Arreola Martínez, c.m.
Visitador Provincial
Confieso
que no soy un teórico de la Misión al Pueblo de Dios
(Misión popular vicentina); ni me considero un experto en
la historia misionera de la Provincia. Soy ciertamente un misionero
que desde mi regreso a México en 1974 —después
de mis estudios teológicos en España— he dedicado
gran parte de mi vida al trabajo pastoral parroquial y al ministerio
de las misiones, como coordinador del Equipo Misionero desde 1991
hasta finales de 2002 en que fui elegido Visitador Provincial de
la Provincia canónica de México; en esta responsabilidad
he estado muy cercano a la acción misionera del Equipo. Me
considero, por tanto, un misionero de campo y, en este sentido,
un testigo de nuestro trabajo misionero actual y algo conocedor
de nuestro pasado y, como Visitador Provincial, comprometido en
la búsqueda de nuevos derroteros para nuestra vocación
misionera.
¿Qué
hacemos en la actualidad?
En
continuidad con la tradición misionera de la Provincia canónica,
seguimos dando misiones, si bien a escala menor. Tenemos un Equipo
Misionero integrado por tres misioneros como máximo. Ellos
son los responsables de recibir las peticiones de la misión,
de hacer la propuesta de nuestra misión al párroco
y a su Equipo de Pastoral Parroquial. Durante seis meses de “premisión”
se preparan la “misión” propiamente dicha y la
“postmisión”. En la misión propiamente
tal, dos semanas, participan miembros de toda la Provincia en número
variable según los centros misioneros. Este dato es interesante
porque la Provincia se ha resistido a que el Equipo monopolice la
acción misionera. La Provincia entera ha querido sentirse
responsable y participar en las misiones según lo proponga
y lo solicite el P. Visitador.
En cuanto a métodos y contenidos nos hemos inspirado mucho
en materiales de España y de la Conferencia Latinoamericana
de Provincias Vicentinas (CLAPVI), adaptados siempre a nuestro pueblo.
Nosotros, todavía, no enfrentamos el fenómeno de la
increencia; nuestro problema es el extendido analfabetismo religioso
y el predominio de lo cultual sobre la acción evangelizadora.
Por otra parte, la misión no sólo es aceptada; es
anhelada por nuestro pueblo.
Otra contribución muy valiosa a la acción misionera
es la participación del equipo de los seglares jóvenes,
Juventudes Marianas Vicencianas (JMV) que nos acompañan,
además de nuestros estudiantes desde la etapa del Seminario
Menor a los Estudios de Teología en las misiones cuaresmales.
Durante el verano también se da este tipo de misiones.
En nuestra propuesta misionera somos flexibles. Hay congregaciones
misioneras con propuestas muy estructuradas, de forma que si en
las parroquias no se aceptan en su totalidad, no dan la misión
o si la comienzan y ven que la parroquia no sigue su ritmo, también
se retiran. Nosotros somos flexibles; mantenemos lo esencial de
nuestra propuesta; nuestra flexibilidad se debe a que lo que nos
interesa es evangelizar a pueblos sedientos de la Palabra de Dios.
Nuestro objetivo fundamental tiende a dejar Comunidades de Evangelización
Permanente en la etapa de postmisión. Quienes realizan esta
labor evange1izadora, dirigidos por el equipo misionero de la Provincia,
son los Párrocos con su equipo de Laicos, que son esenciales
en el trabajo de premisión, misión y postmisión.
Desde el inicio implicamos al Párroco y a su equipo parroquial
de laicos para las tres etapas. Los párrocos, en general,
nos secundan codo a codo; la misión se da y deja sus frutos.
Damos un promedio de cinco misiones al año.
La
herencia del pasado:
Para
entender el alcance y la hondura de nuestra acción evangelizadora
en la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX, es interesante
anotar algunos antecedentes a la llegada de los primeros Misioneros
e Hijas de la Caridad (1844). Las grandes Órdenes religiosas
llevaron a cabo la obra evange1izadora de México; una labor
muy diversificada que comprendía la evangelización
propiamente dicha, la instrucción en artes y oficios, en
la agricultura y construcción de grandes acueductos, en la
creación de escuelas elementales, colegios universitarios
y la Universidad de México. La atención a la salud
con una extensa red hospitalaria.
A los 10 años de nuestra Independencia (1921), las 10 inmensas
diócesis de un territorio de tres millones de kilómetros
cuadrados, estaban vacantes por la muerte de ocho Obispos y el regreso
a España de los otros dos. En 1831, de propia iniciativa,
el Papa Gregorio XVI comenzó el proceso del nombramiento
de nuevos Pastores. En 1863, el papa Pío IX creo las primeras
cinco diócesis nuevas, en un proceso que seguiría
ya con cierta periodicidad. En 1821, por Decreto de las Cortes de
Cádiz, fueron expulsadas de México todas las Ordenes
Hospitalarias. Entre 1860 y 1861 se aplicaron las “Leyes de
Reforma”, por las que quedaron suprimidas las Cofradías,
Ordenes Terceras, Gremios y Órdenes religiosas masculinas
y femeninas.
No menor importancia tiene citar el hecho de que el desgaste de
la Vida Religiosa masculina la tenía en una verdadera postración.
Por esto, un historiador de la Iglesia no ha dudado en afirmar que
la llegada a México de Misioneros e Hijas de la Caridad,
constituyeron un verdadero elemento de refresco. Y esto se demostró
con el requerimiento que se hizo de inmediato a Misioneros e Hijas
de la Caridad. Estas últimas se fueron ocupando de la antigua
red hospitalaria y de crear escuelas elementales, orfanatos, colegios
y “escuelas dominicales”. Les llovieron las vocaciones,
hasta el punto de que hacia 1874 el número de Hijas de la
Caridad ascendía a algo más de 300. Los misioneros
por igual.
Enumeremos los ministerios que fueron asumiendo: 1.-El de la prensa,
con la publicación del periódico llamado “El
Católico” (1845-1848), sustituido, luego, por la “Voz
de la Religión (1848-1852), periódicos de tiraje nacional
y que compitieron con los principales diarios de los Liberales.
2.-El de los Seminarios Mayores y Menores (1846-1944); grandes colegios
de León, Guanajuato y Tacubaya (1847-1930); 3.-El de las
misiones en el campo (1854 hasta la fecha); 4.-La organización
de los Laicos: Las Conferencias de San Vicente de Paú1 (1845);
las Hijas de María (1862); las Cofradías de Caridad
(1863).
Una característica de estas agrupaciones es que, desde los
orígenes, se les dio una organización nacional que
contribuyó a su expansión y a la eficacia de sus obras.
Y un denominador común a todos estos grupos vicentinos es
su acción evangelizadora diversificada: salud, misiones a
los pueblos, educación en los Seminarios y Colegios; educación
elemental en escuelas, colegios, orfanatorios, “escuelas dominicales”;
catequesis infantil y de adultos. La obra catequética de
las Cofradías fue inmensa; sin embargo, las Hijas de María
se llevan el lauro de oro en este ministerio al instituir en 1930
la “Obra Nacional de la Catequesis de las Hijas de María”.
En sus mejores momentos llegaron a tener en pie a 7.000 catequistas
de la Asociación.
En cuanto al misionerismo de los Padres hay que destacar las Casas-misión
de México, Puebla, Mérida, Chihua¬hua, Chilapa;
y el testimonio de los profesores de Seminarios que atendían
a las Asociaciones, la catequesis y se entregaban a pequeñas
misiones; no hay que olvidar, decía más de alguno,
que en los diversos ministerios, somos ante todo: Misioneros. En
el pasado reciente (años 60), sobresale nuestra gran acción
evangelizadora en las parroquias de suburbio y, sobre todo, en las
inmensas parcelas de Netzahualcóyotl y Ecatepec en la zona
metropolitana, en donde hemos dejado innumerables iglesias y capillas
construidas y Comunidades Cristianas bien organizadas.
Hacia
el futuro
El
futuro de nuestra acción misionera en México, podemos
intentar ilustrarlo desde dos perspectivas: una desde la realidad
actual de nuestro pueblo y otra, desde nuestra lucidez para entender
el momento que vivimos y estructurar una misión que sea creíble
y eficaz para promover un cambio.
Los diversos estudios sobre la pobreza en nuestro país coinciden
en que este fenómeno se debe, radicalmente, a la falta de
equidad sistemática en la distribución de los ingresos.
Es posible que en una próxima edición de la revista
Forbes un empresario mexicano aparezca como el hombre más
rico del mundo. Mientras la riqueza, en nuestro país, se
concentra en empresarios como el citado, en monopolios que impiden
el florecimiento de la pequeña y mediana empresa, la pobreza
azota en el campo, en los suburbios de las grandes ciudades, en
el fenómeno de la migración interna, como es el caso
de cientos de familias que cada año emigran enteras del sur
al norte, a los campos agrícolas de Sinaloa, Sonora y Baja
California en condiciones laborales deplorables; en el desempleo
que afecta a un buen sector de la clase media preparada.
En lo religioso, ya he insinuado que no nos enfrentamos aún
a la increencia generalizada ni a una animosidad agresiva contra
la Iglesia. El fenómeno preocupante es el analfabetismo religioso
y la falta de formación de una conciencia social en nuestras
comunidades cristianas. “Mucho culto y poca evangelización”
es lo que se viene denunciando desde hace décadas en nuestra
Iglesia de México y, en general, en la América Latina.
Si admitimos estos presupuestos, podíamos aplicar al México
actual el título del libro de Gaudin” que en los años
cuarenta levanto tanta polémica en Francia: ¿México,
país de misión? El campo para la misión vicentina
en México es inmenso, pero, además, favorable, acogedor,
todavía.
Si miramos el futuro de la misión vicentina desde nuestra
Provincia, podemos esbozar algunas líneas de búsqueda
que estamos trabajando desde hace algunos años.
Somos 95 misioneros en la Provincia canónica de México;
tres de ellos trabajando con los emigrantes en Estados Unidos y
una decena en la Misión de Mozambique. La media de edad de
la Provincia es de 50 años. Desde luego seguimos dando misiones
y con mucho provecho del pueblo. Pero los retos apuntados y otros
muchos que no es posible señalar aquí, son urgentes:
y, quizá estén apuntando hacia una última llamada.
Estamos trabajando en algunas búsquedas que solamente señalo:
1) El de la formación inicial y permanente de nuestros misioneros
en vista de la misión que requiere, hoy, nuestro pueblo.
Este tema lo trataremos en una Asamblea extraordinaria en abril
de 2008.
2) Reorganizar nuestra vida comunitaria, pastoral y económica,
temas que tratamos en la Reunión extraordinaria de toda la
Provincia de diciembre 2007.
3) Puesto que un 35% de nuestros misioneros trabajan en el ministerio
parroquial, nos urge sacar adelante el “Proyecto de parroquia
misionera” para formar grupos laicales comprometidos con nuestra
misión.
4) No hemos logrado que la Familia Vicentina participe significativamente
en nuestra misión y esta es otra tarea urgente que también
estamos trabajando. Tenemos mucho que hacer. La esperanza es que
no partimos de cero. Tenemos una infraestructura de parroquia urbana
y suburbana; de misiones entre indígenas, de misión
“ad gentes”, de Centros de Formación para nuestros
futuros misioneros. En este sentido, vemos el futuro de nuestra
misión, con una esperanza confiada.
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